25 de mayo de 2017

Google sabe qué compramos offline, lo que genera más dudas sobre privacidad


En los últimos tiempos, las empresas se han dado cada vez más cuenta de la importancia de los datos. La información es uno de los activos principales para comprender a los consumidores y para entender qué es lo que les interesa y lo que no. Los datos son la guía que posibilita establecer estrategias de éxito y que da, por tanto, la clave para conectar con ellos.
Pero, del mismo modo que las compañías han asumido el valor y la importancia de los datos, los consumidores han empezado a comprender lo mismo. 
Ellos también son cada vez más conscientes de que las marcas y las empresas quieren saberlo todo de ellos y que la información que generan en un mundo conectado es cada vez más valiosa. Igualmente, los consumidores son cada vez más sensibles con el tema y están cada vez más preocupados por ello. 
Los datos dan a las empresas entrada en lo que ellos muchas veces consideran su vida privada y temen que les dé una posición demasiado dominante. La sensibilidad ante la información que pueden acumular las empresas y ante el cómo pueden usarla es cada vez mayor.
Para quienes están usando los datos y recolectándolos esto genera un terreno de juego cada vez más sensible y delicado, ya que los consumidores son cada vez menos permisivos con los errores, ponen el listón más alto y quieren tener el mayor control posible de lo que ocurre y de lo que hacen. Cometer un error puede convertirse en una pesadilla en relaciones públicas y despertar críticas entre los consumidores. Y eso es lo que le acaba de pasar a Google. La compañía acaba de presentar su nuevo servicio que permite unir información online y offline para conocer mejor a los consumidores y sus hábitos, pero con ello no solo ha conseguido ofrecer una idea seductora a las marcas, sino también despertar las primeras críticas de las asociaciones que se preocupan por la privacidad.
Lo que hace GoogleGoogle. Es una de las compañías que mejor conocen a los consumidores. Google lo sabe todo de ti, todos llegamos a decir en alguna ocasión a otro. Dado que por un lado el buscador es el más usado, que por otro sus servicios abarcan todos los tipos de productos online y que por otro la firma es casi omnipresente en la red (sus anuncios están por todas partes), la compañía puede acumular muchísima información. Ahora también la está acumulando fuera de la red. 
A través de datos recolectados por sus aplicaciones móviles, como YouTube y Google Mapas, que cruza con datos relativos a las tarjetas de crédito (lo están haciendo, por ahora, en Estados Unidos) puede ofrecer perfiles mucho más específicos de los consumidores y de sus hábitos e intereses. Según los datos de la firma, Google tiene acceso al 70% de las transacciones que se producen con tarjetas de crédito o de débito en EEUU. ¿Para qué quiere toda esa información Google? La idea es (y no es tan nueva, Google ya lleva haciendo cosas en esta dirección en los últimos tiempos) demostrar el impacto que internet tiene fuera de la red. Saber lo que los consumidores hacen offline permite a la compañía demostrar que los anuncios que ven online tienen un efecto fuera de la red. 
Por ejemplo, como señalan en Business Insider, Google puede demostrarle a una firma como Sephora que, tras ver un anuncio de lápiz de ojos en la red, los consumidores fueron a la tienda y lo compraron.
No a todo el mundo le gusta. Como suele ocurrir cuando se presentan este tipo de servicios, Google ya ha dejado claro que los datos no se recogen con nombres y apellidos, sino que son anonimizados para respetar la privacidad de los consumidores. Sin embargo, esto no ha impedido que ya aparezcan las primeras críticas. Por un lado, está el hecho de que en realidad no se sabe mucho sobre la cuestión.
"Lo que realmente me fascina que a medida que las compañías se vuelven más intrusivas en términos de recolección de datos, también se vuelven más secretas", apunta el director ejecutivo del Electronic Privacy Information Center, Marc Rotenberg, a The Washington Post.Por otro, y como recuerdan desde un grupo de defensa de los derechos de los consumidores, anonimizar los datos por completo es muy difícil, lo que hace que toda esta información esté ahí, susceptible de ser robada por hackers o simplemente como una amenaza contra la propia privacidad.
Fuente: PuroMarketing. Com

11 de mayo de 2017

Infoxicación

El columnista de Adlatina define este fenómeno de la vida moderna. “La infoxicación está asociada con una patología consistente en vivir pendiente de la última novedad, del último chisme, del último rumor, no sólo en el propio país sino en el mundo”, explica Borrini.

De la historia de la información, desde los tiempos más remotos hasta los actuales, del papiro a la Internet, se desmarcan momentos, situaciones relevantes, sobre todo glamorosas, que hacen que caigamos en la tentación de considerarlos “revolucionarios” aunque no todos merezcan ser considerados así.

Los medios de comunicación o de información crecieron mucho, al principio lentamente y luego, en los últimos veinte años, vertiginosamente. Hasta la década de 1920, la de la radio, el acceso a la información se reducía prácticamente a diarios y revistas. La televisión, desde los años 60, cambió nuestras vidas y nuestra agenda diaria. Ha logrado que nos sentemos ante la pantalla cuando ella quiere; programamos nuestra cena para poder sintonizar la película del día o la serie que nos gusta. 

Pero nada es comparable con la llegada de internet y la expansión de los medios digitales. Son tiempos de la “revolución digital”, que algunos estudiosos comparan con la revolución industrial del siglo XIX, incluso con el revolucionario invento de los tipos movibles que inauguró Gutenberg en 1450, y que desde la perspectiva de la historia, no habría sido una revolución, entre otras cosas porque traicionó los objetivos del fundador. Puesta al servicio de su Iglesia, la católica, terminó por abrir paso a la Reforma religiosa centrada en la figura de Lutero.

La revolución digital amplió por ahora ilimitadamente el espacio de la información y de los medios de comunicación. En efecto, “nunca tuvimos tanta información disponible, pero a la vez tan poco tiempo, y acaso también tan poco interés, en procesarla”, como escribió María Gabriela Eisinck en un informe especial, publicado hace algunos años en un periódico local, inspirador del presente trabajo.
Estamos permanentemente conectados a las fuentes de información, pendientes de los medios digitales hasta cuando salimos de vacaciones, al borde del mar o de las montañas. Pero esta dependencia tiene un precio; cuando cobra la gravedad de una adicción, suele ser tratada de manera que evoca la empleada para curar el alcoholismo o la drogadicción.

Los especialistas ya acuñaron un término para identificar estos excesos. Lo llaman infoxicación, o intoxicación por la información. La explosión de las redes sociales, la manipulación de la fotografía, la dependencia del correo electrónico, el fax, los videos de realidad virtual, y hasta de la posibilidad de cambiar de identidad digitalmente y vivir irrealmente una existencia acorde con nuestras fantasías. El fenómeno ha cambiado el ambiente en que nos toca vivir, y del que nadie puede escapar por completo. Personalmente, no sé qué haría si me quitaran el mail y otras aplicaciones.
Incluso un eminente filósofo y sociólogo como Zygmunt Bauman, creador del concepto “modernidad líquida”, expresó que no manejaba ningún recurso digital, pero que no podía mantenerse completamente alejado porque se veía obligado a estudiar el fenómeno. 

Pero no sin dar voces de alerta. “Sin darnos cuenta estamos perdiendo el arte de las relaciones sociales, humanas”, esenciales para vivir una vida más intensa y acaso también más feliz. Pero sería injusto achacarle la intoxicación únicamente a la tecnología. La infoxicación está asociada con una patología consistente en vivir pendiente de la última novedad, del último chisme, del último rumor, no sólo en el propio país sino en el mundo. Nos echamos encima una tarea titánica. Voluntariamente. Se me ocurre pensar que protestaríamos y manifestaríamos si nos la impusieran las autoridades. Pero hay gratificaciones que la hacen más tolerable; una de ellas es su estrecha vinculación con el consumo. 

Conservo un soberbio artículo de Bauman titulado “El comprador comprado”, anticipo de un libro suyo, en el que analiza las contradicciones de la sociedad actual: “Los seres humanos, convertidos en consumidores, son a la vez objetos en venta. Luchan por cotizarse mejor, prologar su fecha de vencimiento y seguir consumiendo”. A veces para colmar su conciencia como padres o abuelos; regalar un celular a un chico de seis o siete años, añade Bauman, es más fácil que dedicarle el tiempo necesario para inculcarle valores personales, familiares y profesionales que nos harían mejores padres y mejores hijos. Una tarea indelegable, porque ya no se cuenta con el equilibrio que los de mi generación encontrábamos en la escuela pública, cuando todavía Sarmiento era “el padre del aula”, y sus enseñanzas nos guiaron más allá de lo educativo y profesional. Nos hicieron mejores ciudadanos.

Fuente: Alberto Borrini para Adlatina.com

El marketing nuestro de cada día

Las memorias de Alberto Borrini fueron editadas por Eudeba y ya estás en las grandes librerías de toda la Argentina, incluyendo las de las universidades públicas. A continuación, la síntesis de uno de los capítulos del libro, que salió el mes pasado.


“En la fábrica hacemos cosméticos. En los comercios vendemos esperanza”. Charles Revson, fundador de Revlon.

El marketing se ha impuesto en casi todas las actividades. Resulta indispensable para los empresarios, los políticos, los funcionarios de gobierno, los deportistas y hasta para los cocineros desde que se convirtieron en las estrellas gastronómicas de la televisión. La nómina es larga y no excluye a los profesionales más recatados, como los contadores, economistas, ingenieros, escritores e intelectuales de la más variada especie.

El marketing ha calado tanto en la vida cotidiana que algunas estrellas de la cultura popular se permiten jugar a su ausencia, seguras de que se notará tanto como su presencia en una época, la actual, en que el factor sorpresa suele pagar buenos dividendos. Este ardid lo empleó un grupo de rock que sacó un álbum con la carátula en blanco. Entre guiños cómplices, su líder explicó que “la clave es hacer lo contrario de lo que se espera de vos”, y parecería que una de ellas es el marketing convencional, el que llama la atención. De una forma u otra, gana el marketing.

El término “marketing” tiene mucha menos prosapia que “publicidad”; las empresas comenzaron a usarlo hace apenas cinco o seis décadas. No necesitó más para triunfar. Hoy hasta las personas comunes hacen marketing, a sabiendas o sin darse cuenta. Cómo nos las arreglábamos antes para trascender es muy difícil de imaginar. Puede que no nos interesara tanto hacerlo.
La que podría llamarse la “historia oficial” del marketing argentino, cuyos atributos probaron ser, con el paso del tiempo, tan necesarios y efectivos (y que tan bien entendió Charles Revson, fundador de Revlon, con la frase que solía repetir a sus colaboradores: “En la fábrica hacemos cosméticos, en el comercio vendemos esperanza”), se habría consolidado en 1965, con la creación de la Asociación Argentina de Marketing (AAM). 
Me tocó dar la bienvenida, periodísticamente, a la flamante entidad con un artículo en la revista Primera Plana. Los fundadores fueron muy pocos, acaso los únicos que podían mostrar algún pergamino en la materia, entre los cuales había varios que conocía de nombre o de vista por haber estado vinculados, directa o indirectamente, con Iggam, la firma en la que milité, muy joven, durante una década.

Recuerdo a dos de esos pioneros, Rodolfo Lilienfeld y Juan Laub. Del grupo inicial, al único que conocía personalmente, por razones periodísticas, era Camilo Pagano, directivo de Nestlé Argentina, quien asumió como primer presidente. Poco tiempo después, Pagano fue llamado desde la central de Nestlé en Vevey, Suiza, y en poco tiempo ascendió a los más altos cargos de la organización mundial.
La AAM nació como una entidad de elite. Admitía únicamente a gerentes o directores del área, que entonces eran muy pocos, y vetaba el ingreso de consultores, quizá para evitar que la entidad se convirtiera en un foro donde realizar negocios. El objetivo era principalmente institucional: colaborar en el progreso de la disciplina y en la formación de los especialistas. Pero como suele suceder en otras actividades que nacieron de manera similar, los ingresos por cuotas de los asociados pronto resultaron insuficientes; la entidad se estancó y fue preciso ampliar el registro y crear además otras fuentes de financiación para poder realizar las actividades que se habían propuesto sus fundadores.

Hoy la AAM cuenta con una importante base de asociados, asesores incluidos, y una panoplia de actividades variadas e intensas durante casi todo el año. Una de las iniciativas que más aportó a la difusión y expansión de la entidad, y de la disciplina, fue la creación, en 1982, del Premio Mercurio, desde entonces la mayor distinción en el campo del marketing vernáculo. El Mercurio, junto con otras acciones de la entidad, influyó también en la institución, en 1995, del Día del Marketing, que se celebra anualmente el 27 de mayo, fecha de la fundación de la AAM.
El progresivo aumento de las categorías que abarca actualmente el Mercurio, más de 20, es un fiel reflejo de la implosión de la disciplina experimentada en las últimas décadas. Como sucede con la publicidad, ya se hace difícil saber dónde empieza y dónde termina el marketing, y cómo podría actualizarse su definición, luego de tantos cambios sobre todo por su vinculación con la segmentación de los avisos y más todavía de los medios. Hoy hay tantos premios Mercurio como subespecialidades de la disciplina, y no cesan de incorporarse otras. El catálogo está abierto a todas las necesidades e inquietudes; una de las últimas, que prueba los buenos reflejos del recurso acaba de surgir en España: es el “marketing de la austeridad”, nacido para que las empresas puedan moverse con más eficacia en el estrecho marco económico que impone la grave crisis.

La palabra “marketing” es un anglicismo que, en español, comenzó por traducirse como mercadotecnia, mercadeo y créase o no, “mercática”, términos que en ningún caso dejaban traslucir el verdadero significado del recurso, de modo que terminó optándose por el original en inglés, acuñado en los Estados Unidos, que incluso ingresó en el diccionario español con su versión fonética, “marketin”, que suena como un diminutivo de la herramienta y tuvo, en la vida cotidiana de las empresa, poca carrera.
El marketing involucra una amplia variedad de recursos, desde las estrategias de mercado hasta las técnicas de venta, pasando por investigaciones acerca del producto y de sus potenciales clientes. Según uno de los padres del marketing moderno, Philip Kotler, marketing es “el proceso social y administrativo por el que los grupos e individuos satisfacen sus necesidades al crear e intercambiar bienes y servicios”.
Su colega Theodore Levitt, una de las personalidades más destacadas de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, escribió en Miopía en Marketing lo más parecido a una definición: “La empresa no puede encontrar justificación sólo en la fabricación de productos, además debe identificarse como proveedora de bienes y servicios satisfactorios para los clientes. Tiene que verse a sí misma como ‘compradora de consumidores’”. Para eso, nada mejor que el marketing.

Para Levitt, resulta más que esencial, decisivo, que la gerencia de una empresa piense en qué negocio realmente está, más allá del que siempre consideró como suyo y que le permitió afirmarse e incluso ganar dinero. Porque, pregunta, ¿podría mantenerse y seguir avanzando si no advierte a tiempo que parte de “su” negocio está vacante y puede ser rápidamente ocupado por el competidor que lo descubre?
Levitt ponía como ejemplo a los ferrocarriles norteamericanos, que luego de años de auge vieron detenerse su crecimiento, paradójicamente en momentos en qué más crecía la demanda de transporte de carga y de pasajeros. La falla radicó en que limitaron su negocio a los rieles, en vez de pensar en términos más amplios, de transporte en general. Dejaron así la puerta abierta a los camiones, que se adueñaron de las rutas extendidas a la vera de las vías. Era parte del negocio de los ferrocarriles, pero no lo advirtieron a tiempo.
La miopía de Detroit obedece, siempre de acuerdo con Levitt, a otra causa: “La industria ha amarrado su fortuna al implacable requisito del cambio anual de modelo, desconociendo durante décadas lo que los clientes realmente necesitaban”.

Una de las últimas variables del marketing, el político, no ayudó precisamente a aclarar, menos aún a difundir, las verdaderas funciones de la herramienta, al ser aplicado falsamente a objetivos diferentes a los comerciales que le dieron origen. En las campañas electorales sólo hay lugar para el que gana, y quedan irremediablemente postergadas, cuando no definitivamente fuera de juego, las “segundas marcas”. Con objetivos tan equívocos, el “marketing” de los candidatos no podía lograr otra cosa que desnaturalizarse y perder prestigio. Incluso a ser demonizado en las campañas de 2003, como reacción al derroche de recursos, muchas veces provenientes de ilegales fuentes de financiación, y al artero ocultamiento de gastos difíciles de comprobar pero evidentes.
Fuente: Alberto Borrini. Memorias

7 de mayo de 2017

Twitter dispuesta a convertirse en la gran competidora de la televisión

La red social servirá en directo contenidos audiovisuales, desde deportes a noticias, luchando también con Facebook y sus problemas de piratería.

En el universo de las redes sociales, el vídeo se ha convertido en uno de los elementos que marca la diferencia. Las diferentes empresas del sector han empezado a probar con el vídeo (Facebook es quien va por delante en ello), ya que este es el tipo de contenido que los consumidores están buscando más online y que presenta mejores oportunidades de cara al futuro a la hora de rentabilizarlo con publicidad.

Y en ese asalto a los vídeos ya no vale con permitir subir un par de segundos o de minutos de contenido, sino que hay que hacer un movimiento mucho más ambicioso y hay que intentar llegar a muchos más palos. Hay que intentar competir con ofertas de vídeo cada día más complejas y completas y que resultan cada vez más seductoras para el consumidor. Los diferentes jugadores online están jugando contra la televisión y contra los diferentes sites que funcionan como alternativas a la tele.
Por ello, el último movimiento de Twitter no resulta tan sorprendente. La red social, que a pesar de sus últimos buenos datos de crecimiento de usuarios sigue buscando su sitio, va a permitir el streaming en directo de contenidos de diferentes cadenas de televisión, con las que ha llegado a un acuerdo. Cierto es que Twitter había sido uno de los pioneros de la emisión de vídeo en streaming y que cuando se empezó a hablar de esto se hablaba sobre todo de una de sus aplicaciones. Y cierto es también que Twitter ya ha realizado ciertos pinitos en este terreno (tuvo acuerdos, por ejemplo, para emitir partidos de la NFL en directo). Pero, a pesar de ser de las primeras y de tener algún buen acuerdo de partida, Facebook le ha ido comiendo terreno y se ha convertido en el lugar por excelencia para hacer emisiones en directo de medios, influencers y (por supuesto) marcas.

La compañía ha cerrado ahora varios acuerdos con diferentes proveedores de contenidos para realizar emisiones en directo. La red social tendrá así una serie de conciertos, programas específicos de entretenimiento o noticias o emisiones deportivas. "La suma de estas 12 nuevas ofertas en vivo es un testimonio del éxito de nuestra experiencia "solo en Twitter", que combina video en streaming de alta calidad con nuestra conversación sólo en Twitter ", explicaba el director de operaciones, Anthony Noto, como recogía Cnet.
Poco antes de que Twitter anunciase esto ya se había dado a conocer que había cerrado un acuerdo con Bloomberg, que le permitirá emitir 24 horas de noticias en directo vía streaming.
Twitter pasará a así de las ocasionales emisiones de contenido, que era lo que centraba su oferta de streaming hasta ahora, a una suerte de constante de contenidos y de presencia recurrente de los mismos que permitirá ofrecer una especie de oferta sólida a los internautas y que lo acercará mucho más a la idea de una suerte de televisión social.
¿Será esta la gran solución de Twitter para recuperar usuarios y para recuperar posiciones perdidas entre las redes sociales más innovadoras?

El caso de Facebook y el streaming pirata
Quizás el movimiento de Twitter sea también una manera de posicionar a la red social como una sólida competidora con el beneplácito de la industria frente a un escenario en el que lo que ocurre no lo tiene. Los acuerdos que Twitter ha firmado son muy sólidos en lo que se refiere a deportes. Si se analiza la lista final de emisiones que se han acordado, se puede ver claramente que los deportes se llevan la mayor parte. De hecho, Twitter ha logrado vencer a Amazon en la lucha por hacerse con los derechos de ciertas emisiones de la NFL.
Con este movimiento (que además da el control de lo que se emite a los propios dueños de los contenidos), Twitter se coloca de forma completamente aparte de lo que está ocurriendo en Facebook, donde los Live se han convertido en una fuente de problemas de derechos de emisión. Resumiendo: el streaming en Facebook está abierto a todo el mundo y es empleado ya para emitir señales piratas de eventos deportivos.
De hecho, algunas emisiones piratas de algunos partidos de fútbol en Facebook han llegado a tener hasta audiencias acumuladas más elevadas que la que tuvieron las emisiones legales de los mismos. El modus operandi de estas páginas, al menos en lo que a fútbol se refiere, está en crear una página 'limpia' que sirve para llegar a las audiencias y crear bases de fans, como apuntan en Verne. Esa página es la que luego dirigirá a las emisiones pirata que se hacen en otras páginas creadas para ello y con vidas efímeras. No solo se emiten de forma pirata partidos de fútbol, sino también películas y otros contenidos protegidos por los derechos de autor.
Teniendo en cuenta que Facebook tiene ya una complicada historia con los derechos de autor (no hay más que ver lo que ha ocurrido con el freebooting de vídeos de YouTube) esta situación no los pone en un papel cómodo y podría jugar a favor de Twitter y otras plataformas.
Fuente: Puromarketing.com

El futuro de la humanidad en dos palabras: inteligencia artificial


Tomen nota de estas dos palabras: Inteligencia Artificial. No van a oír hablar de ninguna otra cosa con más énfasis en el futuro inmediato que de eso. En ese futuro se dibujan grandes cambios plagados de oportunidades y de incógnitas. Nadie sabe cuáles serán el alcance y la rapidez de los cambios. Pero si que el proceso ha comenzado con fuerza. Habrá que ver si se trata de una revolución equiparable, en su capacidad de transformación, a la que generó internet, pero lo cierto es que la inteligencia artificial está ya en el centro de nuestro futuro.
Debemos empezar por asumir plenamente que la dependencia cada vez más extendida de las tecnologías existentes y futuras no tiene pasaje de vuelta. La buena noticia es que los avances en la Inteligencia Artificial (AI por sus siglas en inglés) impulsarán ​el uso y usufructo de este nuevo recurso natural que muchos llaman Big Data y que pocos han sabido transformar en valor. De hecho, el concepto big data, empieza a desaparecer de las conversaciones para dar lugar a la AI. Precisamente esto sucede por la habilidad de AI en el procesamiento de datos y en como proporciona una inmensa utilidad comunicacional, comercial y empresarial que puede, exponencialmente, reemplazar a las tecnologías existentes y a las capacidades humanas convencionales.
Se abre una nueva era para la relación empresas, instituciones y organizaciones - personas.
Estamos ante el comienzo de otra gran convergencia: el aprendizaje automático, el análisis y la gestión de datos a escalas casi infinitas y el aumento del poder de cómputo. Esta convergencia convertirá la inteligencia artificial (AI) en esencial. Imposible concebir un aspecto de nuestro futuro que no se vea afectado por ella.
Es precisamente por ello, acompañado por la creciente e imparable explosión de datos, que la AI se ha posicionado como la tecnología esencial de las próximas décadas.

Las primeras fases de la AI forman parte de nuestros hábitos diarios desde hace tiempo. Hace años que Amazon utiliza algoritmos predictivos para ofrecer al usuario recomendaciones basadas en su historial de búsquedas o compras. Google usa el aprendizaje automático para completar las expresiones de búsqueda, y a menudo logra predecir acertadamente lo que busca el usuario. Facebook y el resto de plataformas digitales también son parte de esta irrefrenable ola. La AI es esencial para el futuro de la autoconducción (transporte privado, público, logístico, comercial y tantos etcéteras como la imaginación permita). No sólo serán útiles a la hora de evitar colisiones o atascos sino también para optimizar el tráfico en autopistas y carreteras.
La AI estará presente en cada segundo de la vida de cada empresa, de cada organización de cada persona conectada. En el futuro inmediato veremos un avance a dos velocidades. Empresas que ya la utilizan y todas aquellas empresas que necesitarán integrarla en sus productos y servicios. Sin ello les resultará muy complejo competir con otras que si usen redes de recolección de datos para aplicar dichos resultados a mejorar las experiencias de los clientes y ayudar a guiar la toma de decisiones empresariales.
Los consumidores de hoy ya han asumido y asimilado que la vida se desarrolla en armonía con nuevas tecnologías y entornos cada vez más digitales a su alrededor. Conscientes de que la vida es “espiada” y “trackeada” a cada paso la expectativa de los consumidores es que las empresas que poseen todos esos datos se anticipen a sus necesidades y entreguen respuestas instantáneas y personalizadas a cada consulta. Que los datos hagan de la vida de las personas algo mejor. En otras palabras, un intercambio más justo: datos a cambio de valor añadido.
Como toda nueva tecnología en sus primeros años, la AI ha sido demasiado cara o compleja como para permitir su uso en la mayoría de las empresas. Adquirirla y luego integrarla con las operaciones habituales puede ser costoso y complejo, pero es una cuestión de tiempo que se haga accesible y su uso se extienda sin límites.
Mientras ese proceso se de muchas empresas seguirán tomando decisiones guiadas más por el instinto que por la información.
Lo cierto que la AI no se limitará a un ámbito específico. Desde el comercio a Hacienda, desde los medios de comunicación a la nueva TV a medida, desde las ciudades al turismo… Llegará ese día en que los clientes-ciudadanos-contribuyentes-turistas-etc hablarán con chatbots interactivos que podrán recomendarles productos, restaurantes, hoteles, servicios, espectáculos, según su historial de búsquedas, comentarios, compras y recomendarles actividades, ofrecerles descuentos especiales o manejar cuestiones de servicio como el transporte o necesidades específicas.

Los asistentes digitales inteligentes ayudarán a las personas tan bien –incluso mejor- que un asistente humano.
Dos de las cuestiones que dominan el presente de la AI son la seguridad y la privacidad. Cuantos más datos uno entregue (renunciando a la ficticia privacidad, porque los estamos entregando a veces sabiendo que lo hacemos y muchas veces sin saberlo) mejor podrá la máquina predecir nuestras necesidades. Y dado que la AI se alimenta de datos el concepto de privacidad quedará borrado prácticamente.
Aquí es donde entra en escena las palabras responsabilidad y confianza. La gente elegirá a las empresas que sean transparentes respecto del uso que hacen de los datos personales de la gente. Pero no siempre se puede elegir. Uno no puede elegir un Ayuntamiento o una Hacienda o una Policía. Por lo que la gente debería exigir a las Administraciones, organismos e instituciones que sean responsables en el uso de los datos. El procesamiento y ­gestión de datos, anonimato y la privacidad deberían ser parte de un combo ideal, indivisible a la vez que improbable.
Lo cierto es que gran parte del debate está centrado en como se reinventarán los espacios de trabajo (oficinas, fábricas, laboratorios, cadenas de montaje, etc) y el trabajo, a partir de la irrupción de las máquinas. Casi 6 de cada diez de los empleos actuales en los países de la OCDE están en riesgo de desaparecer como consecuencia del auge de este proceso. Veremos a la máquina como compañero de trabajo o como quien ocupara nuestro puesto de trabajo. La AI podría ayudar a generar nuevos niveles de productividad, eficiencia y rentabilidad. No queda claro aún a coste de que, o mejor dicho de quienes. O si precisamente por su aportación las máquinas ayudarán a mejorar nuestras vidas en lo profesional y por lo tanto en lo personal también.

Este debate abre una ventana a una nueva dimensión en la relación entre el hombre y la máquina. Lo empresarial será casi anecdótico si lo enmarcamos ante cuestiones más de tipo existencial. En lo tangible veremos como industrias enteras se transformarán. Seremos testigos de cómo las máquinas desplazarán a miles de trabajadores al poder automatizar cada vez más –ciertas- tareas. La historia nos ha demostrado que ser apocalípticos no ofrece soluciones ante los desafíos del futuro. Justamente la IA abre todo un nuevo escenario de nuevos trabajos y también simplificará algunos de los empleos actuales y generará otros nuevos de los que aún no sabemos. El impacto de la AI es de tal relevancia que no podemos, aún, dimensionar su verdadero alcance. Los algoritmos, por ahora, no tienen emociones ni ética. La automatización de la vida abre interrogantes legales. ¿Cómo debe regular el derecho la relación de los seres humanos con las máquinas? La Comisión de Asuntos Jurídicos de la Comisión Europea acaba de aprobar un informe pidiendo que se cree un marco jurídico concreto, que se constituya una agencia comunitaria centrada en esta materia y que se establezca un código ético voluntario.
Algunas de las voces “apocalípticas” provienen de algunas de las mentes más lúcidas de nuestra época. Stephen Hawking o Elon Musk por mencionar a dos de ellos. Este último advirtió que “tenemos que ser muy cuidadosos con la Inteligencia Artificial. Es potencialmente más peligrosa que las armas nucleares”. Y no se quedó allí, agregó que “yo me inclino mucho a pensar a que debe haber una especie de regulación, quizás a nivel nacional e internacional, sólo para asegurarnos que no haremos algo muy tonto”, dijo. “Con la inteligencia artificial estamos convocando al demonio.”

Por su parte el científico británico vaticina que la inteligencia artificial podría ser “lo mejor” o “lo peor” para la humanidad. Aunque también afirma que los robots “podrían llegar a tomar el control y se podrían rediseñar a sí mismos”… y que “el desarrollo de la inteligencia artificial podría significar el fin de la raza humana“, si los sistemas artificiales llegaran a superar en inteligencia a las personas.
Afortunadamente la AI, de momento, está lejos de superar a la humana. Aunque voces como la del filósofo sueco Nick Bostrom anticipa en Superinteligencia que “existe un 90% de posibilidades de que entre 2075 y 2090 haya máquinas tan inteligentes como los humanos“, seguramente ninguno de nosotros podamos verlo, o decirle que acertó o se equivocó. ¿O sí podremos?
Intentando enseñar a los ordenadores cómo deben aprender, los progresos están llegando con el uso de algoritmos que se inspiran en el funcionamiento de nuestro cerebro, de nuestras neuronas. Son las llamadas redes neuronales artificiales, que dan paso a lo que conocemos como deep learning, aprendizaje profundo. No hay, y probablemente no habrá mejor red neuronal que un cerebro más una máquina.

Creer que la AI será autónoma, es decir que prescindirá por completo del factor humano, sería un error de cálculo mayúsculo. El factor humano debería seguir siendo esencial en muchos ámbitos. De allí que existen varios tipos de machine learning, tres de los cuales destaco: el supervisado (algoritmo que trabaja con información etiquetada, la AI del presente), el que no tiene supervisión (el sistema reconoce patrones y etiqueta los datos por sí solo) y el que funciona por refuerzo (el más complejo y que probablemente termine imponiéndose: la máquina aprende sola mediante ensayo y error. Se refuerza el sistema con los propios aciertos). Veremos quizás a la máquina conseguir algo cercano a imitar la intuición humana, pero ¿veremos a la inteligencia artificial sentir como la humana?
Sobre el machine learning el salto hacia el siguiente nivel verá como la evolución de descriptivo a predictivo, pasará a prescriptivo. El valor descriptivo ayudaba a entender ¿qué pasó? El predictivo apuntaba a anticiparse a ¿qué va a pasar? El prescriptivo será el valor que ayude a ¿cómo hacer que pase? Evolucionando de la predicción a la optimización. De momento encontrar una combinación entre lo predictivo y lo prescriptivo será un buen comienzo.

La consultora Gartner predice que para el año 2020 el 85% de la interacción con los clientes será gestionada por inteligencia artificial. Para el año 2019 se estima que la AI representará un mercado de $ 28 trillones. Y en una encuesta entre ejecutivos europeos sobre cuando estiman que la AI tendrá un impacto significativo en su industria, un 35% respondió que en los próximos dos años y un 36% en los próximos 3-4 años.
Son múltiples los retos a los que se enfrenta la sociedad de la inteligencia. Laborales, educacionales, sociales, incluso trascendentales y éticos. Pero es la ley del progreso, nuevos escenarios, nuevos desafíos y sobretodo nuevas oportunidades.
Estamos creando una sociedad en la que el hombre convivirá con inteligencias artificiales entre los que habrá asistentes personales, transportes autónomos, robots en nuestros trabajos y hogares y mentes digitales que formarán parte de nuestra cotidianeidad. En el mundo del futuro las cosas del día a día van a cambiar más de lo que pensamos, esperamos o imaginamos. Si nadie levanta la voz y propone un futuro alternativo, ya sabemos en que tipo de mundo pasaremos el resto de nuestra vida. Y quién la controlará.
Fuente: AndyStalman.com

Las marcas que no emocionen tienen un futuro de cien años de soledad


Uno de los aspectos mas apasionantes es la velocidad en que tanta gente quiere predecir lo que sucederá mañana en el mundo de las marcas. Sin embargo, de algo si podemos estar seguros: El futuro no se predice, se crea. Y dentro de la creatividad innata del ser humano, aquellas marcas que sepan conectar emocionalmente con sus audiencias habrán comenzado la construcción de un futuro esperanzador.
El inventor estadounidense Lewis Latimer afirmaba en el siglo XIX que “creamos nuestro futuro mejorando las oportunidades presentes: por pocas y pequeñas que sean esas mejoras.”
El desarrollo paso a paso, peldaño a peldaño, ladrillo a ladrillo, es lo que eleva las oportunidades a diario. La marca es una construcción que se da minuto a minuto, hora a hora, día a día.
Es tan profundo el cambio que estamos atravesando que recuperar la visión de futuro se alinea con el comienzo de la realización en el hoy. Los planes, grandes o pequeños, son solamente buenas intenciones a menos que degeneren rápidamente en algo tangible.
Es importante no caer en una falsa realidad. Muchas empresas están empezando a concienciarse de la importancia estratégica que las marcas tienen para ellas, y más aún en el acercamiento emocional y los beneficios que ellas pueden proporcionar.

Mejor tarde que nunca. Mejor ahora que mañana.
Una marca que llega a la mente del consumidor consigue un comportamiento, una marca que llega al corazón consigue un compromiso. Esto último, en estas épocas de poca fidelidad, y de hiper información se transforma invariablemente en un factor, clave, decisivo, determinante; y sobretodo rentable.
“Lo obvio suele pasar desapercibido, precisamente por obvio”, aseguraba Lacan. Que de Branding sabía poco pero de la psicología humana, bastante más. Tal vez por obvio las marcas han tardado en interiorizar que para un cliente no es lo mismo conocer una marca que sentir una marca.

Juntos
La emoción compartida es un recuerdo que permanece.
A los consumidores les llegan frases como “más grande”, “más barato”, “más cantidad” o “más fuerte”; pero ellos necesitan conectarse con las emociones. Todo nuestro mundo se percibe a través de los sentidos, de las emociones. Entonces re-orientar el contenido, el tono, la forma, el sentir, es primordial.
A través del profundo conocimiento de las capacidades, valores, promesas y recursos de nuestras marcas, podremos empatarlas con la sensibilidad y emoción de nuestros consumidores, creando un tipo de relación poderosa y perdurable.
Las empresas poseen mucha información, pero en muchos casos poco conocimiento de sus audiencias. Las personas no son data, son emoción. Buscar la simbiosis entre ambas y podrá mejorar notablemente la relación.
Muchos se preguntan, ¿cómo es que las marcas dejaron de ser un nombre comercial más un logotipo y se trasformaron en un tesoro que es propiedad de los consumidores? ¿Cómo se valoran las marcas en la actualidad? ¿Por qué la mayoría de marcas exitosas en la actualidad, son marcas jóvenes nacidas o desarrolladas a partir de Internet o que han sabido reinventarse o adaptarse con los años?
¿Cual es la conexión entre la marca y las emociones? Hoy las marcas, están vivas, forman parte de nuestra cotidianidad, más allá de si pertenecen a una mega corporación o al barrio donde vivimos. Una gran marca no puede cambiar el mundo pero sí puede ser eficaz a la hora de descifrar la conducta del ser humano y de proponer respuestas ante los desafíos que se encuentra.
Las marcas nos necesitan casi tanto más que lo que las necesitamos nosotros a ellas. Por tanto, los productos y servicios más exitosos serán aquellos que tengan significado y riqueza experiencial para el estilo de vida del consumidor. “El inconsciente, aseguraba Lacan, está estructurado como un lenguaje” y el ser humano reacciona a los estímulos a través de dicho lenguaje.

No se puede cambiar.
El miedo al cambio es la única enfermedad de la que la mayoría de marcas ya no esperan curarse. ¿O si?
Sólo un selecto grupo de marcas son responsables de los cambios. El mayor triunfo de un buen número de estas marcas es haber acortado la distancia con el futuro. La mayoría de ellas genera emociones, y los cliente las retroalimentan. La relación marca cliente se desarrolla en forma de un mosaico antropológico, psicológico, neurológico y sociológico donde la conexión, en todos los sentidos, prima.
No hay que tener miedo de estar en sectores poco “atractivos” como los seguros, o la banca, todos tienen una historia atractiva que compartir. Nunca subestime el vínculo emocional del consumidor con sus productos, por más fríos y racionales que estos parezcan. 
La creación de vínculos emocionales puede realizarse sin celebridades de la televisión o de Twitter, sin futbolistas ni modelos famosas que arrasan en Facebook o en Instagram. Ni siquiera es necesario que sea un producto de moda. El único requisito es un profundo conocimiento del consumidor.
El buen Branding hace visible la estrategia de negocio. Para hacerlo de manera convincente, pertinente y medible es necesario, sobretodo, la generación de lealtad a la marca.
Hay costos de oportunidad para aquellos que no reconocen y aprovechan la comunicación. Todo comunica. Todos los miembros y todos los productos de una empresa lo hacen: desde la música de la centra telefónica, los sitios web, el material para embalaje, las redes sociales, el transporte, la fabricación y los puntos de venta son herramientas de comunicación posibles, sin embargo, muchos no se tienen en cuenta como tal.
El gran valor de los beneficios emocionales es que provocan un sentimiento de profundidad y satisfacción debido a la relación marca-consumidor en estrecha identificación. Kevin Roberts escribió: “El idealismo del amor es el nuevo realismo de los negocios.”
Invertir en la marca para comunicarla con acierto es la mejor forma de asegurarle una posición distintiva, una ligadura emocional con sus consumidores y una gran fortaleza en su personalidad.
Cierto es que proponer consumir experiencias, no cosas, se consolida.
Es hora de mejorar el presente. “El deseo nunca se satisface del todo”, aseguraba Lacan, pero acercarse a él ya es un buen comienzo. Nada debería ser tan común, para las marcas del siglo XXI, como el deseo de ser sobresalientes en emocionar. Emocionar es un instrumento clave del conocimiento y sobretodo del disfrute de una nueva realidad. Una realidad de emociones que dure, al menos, otros 100 años.
Fuente: AndyStalman.com

El futuro es de la mujer



Cuando lo ordinario es extraordinario el mundo mejora. Lo femenino empuja a la humanidad hacia delante. Estamos presenciando momentos históricos en los que la mujer tiene, cada vez más, un rol sobresaliente. Se trate de mujeres desconocidas o conocidas, de aquellas que aparecen en los medios o de las que, sin ser protagonistas de las noticias, marcan la diferencia.
Ya pasaron cuatro años desde que la primera astronauta china inició con éxito su misión. Más de seis décadas después de que el presidente Mao Zedong asegurara que en la China comunista las mujeres sostendrían “la mitad del cielo”, Liu Yang y otros dos tripulantes viajaron en la nave espacial Shenzou 9.
En Birmania, veintiún años después de haberlo conseguido, Aung San Suu Kyi recibe el Premio Nobel de la Paz. La líder opositora, un ícono de su país y de la lucha por las libertades, dice que a Birmania le queda mucho para la libertad completa. Tras 15 años de arresto domiciliario, todavía le queda coraje para seguir alzando la voz, para defender la paz y participar en la incierta política parlamentaria de su país.

Al mismo tiempo, otras dos mujeres tienen una voz de máxima relevancia en las finanzas globales: Angela Merkel, Christine Lagarde y Janet Yellen. A la Canciller alemana se le pide que encienda los motores de la economía mundial. Por su parte, la directora gerente del FMI ha recomendado un esfuerzo colectivo para que la eurozona alcance “una etapa fundamental en su desarrollo”. La presidenta de la Reserva Federal de EE.UU. aseguró que “el panorama económico es incierto, así que la política económica no sigue un curso predeterminado. Nuestra capacidad para predecir la forma en que la tasa de fondos federales evolucionará es bastante limitada, porque las políticas monetarias tendrán que responder a cualquier circunstancia que pudiera golpear la economía. Cuando ocurren cambios y el panorama económico cambia, la política monetaria debe de ser ajustada”. Ellas son protagonistas de un momento histórico para la economía internacional.

Anna Wintour, editora de la revista Vogue, dirige los designios de la moda desde hace más de veinte años. Su influencia, como adalid de uno de los sectores económicos con mayor proyección en Estados Unidos y el mundo, trasciende este ámbito.

Más del 90% de las mujeres más poderosas de mundo tienen pelo corto. ¿Por qué? Merkel, Lagarde, Nooyi, Ghandi, Clinton, Obama… Rousseff hasta hace poco. Me contestan en Twitter, por mayoría abrumadora, que es por falta de tiempo para arreglarse.

Hoy ya no nos llama la atención que Madonna siga siendo la reina del pop y que en el top ten de los videos más vistos en YouTube estén Lady Gaga, Beyoncé, Taylor Swift, Jennifer López, Shakira y Rihanna. Las mujeres reinando y gobernando, no sólo en el pop.
Hasta el 2012, más de 1.700 millones de habitantes de la tierra eran dirigidos por una mujer presidente o primer ministro. Entre las más destacadas hasta entonces la misma Canciller Merkel, Dilma Rousseff en Brasil, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Dalia Grybauskaite en Lituania, Jóhanna Sigurdardóttir en Islandia, Julia Gillard en Australia o Ellen Johnson-Sirleaf, actual presidenta de Liberia. En la actualidad el número se ha reducido. Esto significa que un cuarto de la población del planeta era dirigido o liderado por una mujer. Todo está cambiando.
Es una realidad que los Juegos Olímpicos de Londres 2012 fueron los Juegos de las Mujeres. Por primera vez en la historia olímpica, todas las delegaciones acudieron con atletas femeninas. Un total de 4.850 deportistas que suponen el 46% de los participantes. Un reflejo bastante cercano a la población mundial que reparte a los más de 7.000 millones de habitantes casi a partes iguales entre hombres y mujeres. 116 años más tarde. Mejor tarde que nunca. La buena noticia es que en los Juegos de Río 2016 la tendencia se consolidó. Y en la delegación de España las mujeres han ganado más medallas que los hombres.

Extraordinarias.
Aunque los avances en las últimas décadas son notables, queda mucho trabajo por realizar. Hay ejemplos pequeños que demuestran lo grande del recorrido: en Wikipedia sólo el 8% de los editores son mujeres. Eso significa que nuestra nueva enciclopedia universal está escrita casi en una totalidad por varones. Y sólo el 25% de la fuerza laboral mundial del sector tecnológico está representado por mujeres. Curiosamente Katherine Myronuk, “las mujeres siempre tuvieron un rol central en la tecnología, pero en los últimos tiempos han sido invisibles. Por ejemplo, en los principios de la informática, los primeros programadores, fueron mujeres. Como las que trabajaron con la primera computadora, la Eniac. Ellas inventaron muchas de las pautas de programación que aún usamos hoy, pero es algo que casi nadie sabe. Fueron mujeres muy interesantes.” Quién lo dice es Katherine Myronuk, profesora de Singularity University. Menos del 5% de los proyectos tecnológicos en Estados Unidos son liderados por mujeres. Y de la lista Fortune 500 solo el 4% de las empresas tienen una CEO.

El mundo y las empresas entiende cada vez más la importancia de la diversidad en los equipos de trabajo y el mercado tecnológico, no ajeno a esta circunstancia, podría aprovecharse de su visión y su mirada femenina. Más mujeres en tecnología seguramente redunde en nuevos desarrollos.
No es novedoso decir que las mujeres emprendedoras son muchas menos que los hombres, pero está demostrado que a ellas les va mucho mejor que a ellos emprendiendo. Las empresas creadas por mujeres o con una alta tasa de ellas en los cuadros de mando, tienen tasas de retorno mejores que los hombres a la hora de emprender. Según el estudio Women in Technology: Evolving, Ready to Save the World de la Fundación Kauffman tienen un 35% más de rendimiento. La realidad es que todos tenemos la capacidad de emprender y la mujer ha demostrado que cuando tiene la oportunidad de hacerlo, en economías más castigadas o emergentes, mejora su entorno, su familia, su pueblo, su ciudad.

Por otro lado, entre las mujeres silenciosas y desconocidas encontramos la grandeza de lo pequeño.
Ser madre y mujer trabajadora es algo ya de por sí extraordinario. Y aunque resulte sacrificado, la mujer crea su propia perfección cuanto más imperfecta es su realidad. Y eso resulta absolutamente admirable.

Lo ordinario se transforma en extraordinario precisamente por ello.
Se oyen argumentos muy críticos con el avance de los derechos de la mujer, que ha tenido lugar en estos últimos años. Algunos opinan que han terminado siendo un retroceso. Que hoy la mujer trabaja más, descansa menos, está más expuesta y menos cómoda.
Sin embargo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) declara en sus principios que la población femenina ha sido decisiva en el progreso de la democracia, la reducción de la pobreza, la prevención y la recuperación de las crisis, la protección del medio ambiente y el desarrollo sostenible. Asegura, además, que “empoderar a las mujeres da un impulso a las economías florecientes, a la productividad y al crecimiento”.

A su vez, el PNUD elabora un Índice de Desigualdad de Género, que tiene en cuenta tres dimensiones: la inserción en el mercado laboral, el empoderamiento y la salud. Cómo tratan las sociedades a la mujer, dice mucho del grado de desarrollo de los países.
A pesar de los progresos realizados en este ámbito el PNUD apunta que las mujeres representan el 60% de los más pobres a nivel mundial, menos del 16% de los parlamentarios, las dos terceras partes de los analfabetos y son objeto de violencia sistemática, tanto en los conflictos armados como en la intimidad del hogar. No obstante, hay historias de mujeres que demuestran su resistencia, fortaleza y valor. Son agentes decisivos en la gobernanza democrática, la reducción de la pobreza, la prevención y recuperación de la crisis, la protección del medio ambiente y el desarrollo sostenible y la respuesta al VIH y el SIDA, áreas principales donde el PNUD enfoca todos sus esfuerzos. La igualdad de género y el empoderamiento de la mujer son derechos humanos y la clave del desarrollo y del logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

Y también del extensísimo camino que queda por recorrer… Mientras escribo estas líneas conocemos que hay unas 500 millones de mujeres analfabetas en el mundo. “Para las mujeres, aprender a leer y escribir es como salir de las tinieblas”dijo Aicha Barki que trabaja en una ONG en Africa para dar voz y esperanza a la mujer. Hay muchas mujeres, quizás no tantas, que se negaron a resignarse ante una parte del mundo en el que la injusticia o la tradición de sus países les impide crecer, desarrollarse, o simplemente ser libres.
Sin las mujeres, el mundo no tiene futuro. Obviedad de las que conviene volver a repetir. Para mantener un ritmo de crecimiento económico sólido y constante hasta el año 2030, los países además de crear la cantidad y calidad de empleos necesarios, deberán apostar por la educación, capacitación e inclusión de las mujeres en el mercado laboral. Cuando aumenta la participación de las mujeres en la actividad laboral se produce un impulso en el ritmo de incremento del Producto Interno Bruto.
La suma de estos datos y realidades (unas desconocidas, otras famosas) nos deja una sola certeza: que la fuerza, la energía y, en concreto, el instinto femenino es lo que nos empuja hacia el futuro. Indudablemente el futuro es de la mujer.

Fuente: AndyStalman.com Andy Stalman es uno de los mejores especialistas en Branding del mundo. Tiene talento y carisma, y ha sido considerado como “Mr. Branding” en varios países.

6 de mayo de 2017

Publicidad por estados de ánimo, el inquietante futuro a la vuelta de la esquina

Ya es posible detectar el estado de ánimo y saber cómo se sienten los usuarios y consumidores
Uno de los escándalos de los últimos días, que ya ha tenido su momento de viralidad y su momento de disculpas por parte de la compañía afectada, estuvo muy relacionado con las emociones, las redes sociales y cómo las primeras se podían usar en las segundas para segmentar anuncios mucho más efectivos.
Según un estudio que fue filtrado a la prensa australiana y que Facebook había realizado (y que la compañía asegura que nunca se usó para vender anuncios), es posible detectar el estado de ánimo de los adolescentes y saber cómo se sienten. Los datos permiten identificar los momentos en los que se sienten inseguros o que no valen nada, lo que abriría la puerta a vender publicidad ligada a ello.

Facebook ha dejado claro (sus portavoces se han apresurado a señalarlo a los medios estadounidenses) que la información se recopiló solo para ayudar a las marcas a comprender cómo la gente se expresa en la red social. "Facebook no ofrece herramientas para segmentar a las personas en base a su estado emocional", señalan.

Pero, a pesar de ello, el estudio y sus ramificaciones se ha convertido en piedra de escándalo para Facebook y, sobre todo, en una llamada de atención general para la industria. Porque, por un lado, el estudio se ha centrado en un grupo de población delicado y porque, por otro, está dejando claro que las compañías online (y gracias a ellas los anunciantes) podrían tener herramientas para detectar cómo nos sentimos y vender acorde a ello. ¿Te sientes triste? Este es el producto que necesitas en este momento.

La publicidad por estados de ánimo no es exactamente nueva
Y, aunque ahora se ha producido un pequeño pico de interés ligado a este estudio concreto y a quien está detrás, lo cierto es que no es algo exactamente nuevo. La publicidad emocional, esto es, la publicidad que segmenta a los consumidores por sus emociones y por su estado de ánimo lleva rondando ya mucho tiempo. Como recuerdan en un artículo en Mashable, ya hace unos años Google compró una startup que estaba trabajando justo en este tipo de posibilidades y no es la única. En los últimos tiempos se han registrado patentes y se han realizado movimientos en este sentido.

Y si se hace una búsqueda en la hemeroteca se pueden encontrar más ejemplos. Un artículo de 2013 en Slate ya hablaba de un estudio realizado en Singapur en el que se proponía un método para añadir anuncios a los vídeos partiendo del impacto emocional de los mismos (aunque en este caso estaban ligados al impacto emocional del contenido con el que se mostraban y no tanto con las emociones de los consumidores) y de startups que se especializaban ya entonces "en segmentación emocional propietaria" y de las patentes que firmas como Apple o Microsoft estaban registrando. Básicamente, todos ellos querían leer las emociones de los consumidores y vender acorde a ello. Entonces ya alertaban de que la publicidad basada en nuestro estado emocional estaba a la vuelta de la esquina y que los reguladores del mercado no estaban en absoluto preparados para ella y para sus necesidades.
Dos años después, ya se estaban midiendo reacciones de forma experimental, como los latidos del corazón o el sudor, para comprender mejor cómo se sentían los receptores de ciertos contenidos. Como apuntaban entonces a The Guardian los expertos, esto era una manera de empezar a conseguir información sobre cómo se sentían los consumidores y segmentar la publicidad en base a ello.

Las emociones son aún demasiado volátiles
Por tanto, ni la idea de segmentar a los consumidores por cómo se siente es nueva ni tampoco es que nadie esté trabajando en ello. El potencial de la cuestión parece muy elevado y su aplicación podría tener muy buenos resultados (al menos para las marcas). No hay más que pensar en cómo los anuncios estarían ajustados a lo que se siente en cada momento y cómo los sentimientos tienen peso en las decisiones de consumo.
De hecho, y como apuntan fuentes de la industria en el último análisis de la situación, el realizado por Mashable, los anunciantes están interesados y hay quienes están trabajando ya en ello. Si no se está haciendo mucho más ahora mismo es porque todavía resulta difícil medir lo que se consigue. Incluso aunque no se tenga un algoritmo medio mágico que lea los sentimientos, se puede hacer ya en cierto modo triangulando diferentes fuentes de información para establecer una cierta aproximación al cómo se sienten los receptores.

Y, por supuesto, desde el punto de vista del consumidor la publicidad segmentada partiendo de las emociones crea nuevos puntos de tensión y nuevos elementos 'que dan miedo'. El consumidor será mucho más vulnerable a los mensajes de las marcas y, sobre todo, verá como estas se adentran en cosas mucho más personales. ¿Realmente queremos que los anunciantes sepan que estamos tristes o que estamos eufóricos de alegría?
Fuente: Puro Marketing